Demos gracias todos juntos por haber sido liberados de las garras de la censura por medio de la providencial intervención de nuestros diosecillos contemporáneos, Elon Musk y Mark Zuckerberg. Los amos de X y Meta (Facebook, Instagram y WhatsApp) han abierto para nosotros, ignorantes mortales, las puertas del cielo del free speech pata negra. Nada de sucedáneos. Sus redes sociales son ahora un vergel de libertad de expresión. En X podemos recoger, cual florecillas silvestres, las publicaciones que Musk coloca, queramos o no, en nuestros perfiles, y en las que retozan ultras de todo pelaje, injerencias en procesos electorales europeos, así como deliciosas manipulaciones y mentiras. Un regalo para el alma y el conocimiento al que Zuckerberg quiere contribuir con el mamporrazo letal que acaba de propinar a su programa de verificación de datos. ¿Quién necesita expertos o periodistas preparados si la verdadera libertad, como sugieren “los máquinas”, reside en una estimulante ducha escocesa digital en la que la verdad y la mentira se alternan en nuestras vidas?
